Seth es un autor canadiense ahora ya plenamente consolidado. Con obras como George Sprott o Wimbledon Green, ha sabido colocarse como uno de los mejores narradores gráficos de su país, junto a sus compañeros (y amigos) Joe Matt y Chester Brown. Una de sus obras más destacadas, la que le sirvió como carta de presentación en la novela gráfica, es La vida es buena si no te rindes, que ahora oportunamente reedita Salamandra Graphic después de que estuviera largamente descatalogada tras su edición de 2009 por Sins Entido.

Es difícil acertar con el costumbrismo en cómic. El llamado slice of life, que rebusca en las historias cotidianas y en la reflexión intimista, es difícil de manejar si no se dominan los resortes narrativos. En La vida es buena el autor plantea un falso relato autobiográfico en el que el propio autores busca a sí mismo a través de la obra de Kalo, un supuesto historietista olvidado de los años cuarenta y cincuenta a quien descubre por casualidad en un número antiguo de The New Yorker y cuyo trabajo obsesiona y fascina al protagonista. Este mecanismo de ficción, justificado por la influencia que algunos artistas reales del New Yorker han tenido en el Seth real, como Peter Arno le sirve a Seth para articular un cómic que rebusca en la autorreflexión y la búsqueda del sentido no sólo a la vida, sino también al arte.

Seth, en el cómic, junto a su amigo y también dibujante Chester Brown.

Tras su apariencia afable y su ritmo sosegado, La vida es buena revela una experiencia sobre el arte, el paso del tiempo y la identidad. El protagonista, de una forma muy paulausteriana, acuciado por una vida anodina y un carácter obsesivo, traslada su desasosiego al objetivo de encontrar más datos de esa presencia fantasmal que recorre el libro. Aquí es interesante hacer notar el parecido del carácter maniático que une a los tres caballeros y amigos del cómic canadiense: Joe Matt (Consumido, Peepshow), Chester Brown (El playboy, Pagando por ello, Ed el payaso feliz), y el propio Seth. En mi valoración, el mejor de los tres, sin dudarlo, es el último. Tanto en estilo gráfico, como en talento narrativo o en contención emocional, Seth se revela como un maestro en su arte. Joe Matt, en el fondo, es un bufón que se ríe de sí mismo. Brown da demasiadas vueltas a los temas que le obsesionan. Seth, en cambio, creo que es el más cerebral de todos, el que sabe alejarse de su obra lo justo para crear algo que es a la vez personal y universal.

Gráficamente, el estilo de Seth casa bien con ese ambiente melancólico y algo retro que destila la historia: destacamos su trazo a pincel sencillo pero seguro, aprendido seguramente de las mismas revistas que el protagonista cita (New Yorker y otras revistas gráficas de la época dorada), y su interés por el perfil urbano como metáfora del estado de ánimo. A eso hay que añadirle la sobriedad de su color que contribuye a darle esa pátina añeja que tan bien le sienta a la historia. Autores patrios como Fermín Solís han bebido mucho de esta influencia.

Releída años después, esta novela gráfica confirma el buen hacer de su autor. Sin dramas innecesarios, el narrador consigue conectar con el lector hasta el punto de que, al terminar, parece que despedimos a un viejo amigo.

La vida es buena si no te rindes. Seth. Salamandra Graphic, 2017. Cartoné. Bitono. 196 pgs. 20€ Cómpralo con descuento aquí.

En Papel en Blanco Consumido, de Joe Matt: en un callejón sin salida.



‘La vida es buena si no te rindes’, de Seth was originally published in Papel en Blanco on Medium, where people are continuing the conversation by highlighting and responding to this story.